lunes, 28 de septiembre de 2015
jueves, 18 de diciembre de 2014
La libertad del fracasado
Pero Pedro y Juan respondieron diciéndoles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios, porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído. Hechos 4.19–20
Si nos tomáramos un instante para volver a leer el relato de la negación de Pedro, en Mateo 26, nos costaría, frente al texto de hoy, creer que se trata de la misma persona. Las circunstancias son prácticamente iguales; en ambos incidentes el apóstol fue confrontado y tuvo la oportunidad de confesar que era seguidor de Cristo. No obstante, en la primera escena vemos a un Pedro miedoso, atemorizado por las posibles consecuencias de la sencilla acción de abrir la boca y afirmar que era discípulo de Jesús. Más bien optó por la mentira, no solamente una vez, sino tres veces, negando, con la vehemencia de los que están acorralados, que alguna vez hubiera estado con el Maestro de Galilea. La transformación de Pedro, en la escena narrada en Hechos, es absoluta. Lejos de sentirse intimidado por las amenazas del Sanedrín, los confrontó con audacia y proclamó que no tenía intención, ni por un instante, de retomar el camino que tan apasionadamente abrazó en aquella ocasión: el silencio. ¿Cómo hemos de explicar un cambio tan radical en la persona del apóstol?
miércoles, 10 de diciembre de 2014
Encontrando a la Persona con quien te casaras
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Encuentra tu media naranja. Si todavía no estas casada y estas buscando aun esposo o esposa, busca con mucho cuidado, de la manera que de honor a Dios. Ni siquiera pienses con considerar casarte con alguien que no sea Cristiano porque tu no serás compatible con alguien quien no compartes tu relación spiritual con Jesús, casarte con uno que no es Cristiano solo traerá miseria en tu vida que ira creciendo. Además de escoger a la persona Cristiano, deberías ver por alguien con quien compartes intereses en común, la personalidad de quien encaja con lo tuyo, y a quien estas físicamente atractivo. No apures el proceso, y no intentes tomar en poco el tiempo adecuado que Dios tiene para que te cases.
Mueva a una relación con un esposo(a) potencial a la primera velocidad
En primera velocidad, cuando la relación con un potencial futuro esposo(a) este empezando, trabajen en conocerse bien uno al otro y construyan una fundación fuerte de Amistad. En lugar de pasar tiempo solos, intenten pasar tiempo juntos con un grupo de personas. Si descubres que no estas interesado en llevar la relación a la a la siguiente etapa, entonces no lleves a la otra persona a la siguiente velocidad; se honesto sobre como te sientes para evitar herir profundamente a esa persona luego.
martes, 2 de diciembre de 2014
Lujuria, Concupiscencia y Deseo
LUJURIA El término hebreo zimma
se emplea algunas veces, especialmente en el libro de Ezequiel, para señalar a
una maldad que incluye la idea de artificio voluntario, un plan de refocilarse
en el pecado. Por el contexto, se entiende que la referencia es a pecado sexual
(“Y se enamoró de sus rufianes, cuya lujuria es como el ardor carnal de los asnos, y cuyo flujo como flujo de caballos”
[Ez. 23:20]; “… y se descubrirá la
inmundicia de tus fornicaciones, y tu lujuria y tu prostitución” [Ez. 23:29]).
En Ro. 13:13 se lee: “Andemos como de
día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujuria
y lascivias, no en contiendas y envidia”.
Mientras la concupiscencia es el deseo exagerado y pecaminoso, la lujuria
es la práctica en los hechos de esos deseos en el ámbito de lo sexual.
CONCUPISCENCIA El término griego epithumia se traduce como “deseos” (Ro. 13:14; Efe. 2:3), pero
siempre con la idea de exageración en ese sentimiento o inclinación. Cuando el
Señor Jesús dice: “¡Cuánto he deseado
comer esta pascua con vosotros antes que padezca!” está usando esa misma
palabra (epithumia =cuánto he deseado
[Lc. 22:15]). Pero mayormente la palabra es utilizada para señalar la
inclinación al mal de nuestra naturaleza caída, que produce apetencias, codicia
ilegítima, deseos exagerados, recurrentes, desordenados, vehementes y siempre
pecaminosos. Así, los hombres viven “en
la concupiscencia de sus
corazones” (Ro. 1:24), pero los creyentes no deben obedecer las concupiscencia
del pecado en sus cuerpos mortales (Ro.
6:14; 1 P. 4:2–3).
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